Sol, que introduces tus dedos en mi pecho para moldear el barro de mis penas. Sol, que con él creas las figuras de felicidad que me hacen sonreír horneadas con tu calor de amor. Sol, que tu energía pasa por mis chakras hasta la Madre Tierra. Sol, que me das luz, que me das vida, que me das magia, que me haces ser yo, que me haces ser tú. Sol, divinidad ardiente por mi corazón herido que sanas y desinfectas los virus amargos que mis errores del pasado dejaron en mi interior. Sol, que me haces pensar en que allá arriba la vida es más pura. Sol, que me haces ver, acabando con mi oscuridad absurda que construí con mi amor al ego. Sol, que te conviertes en agua de fuego por mis oídos y sales por mi lengua purificando mi verbo. Sol que, con un pincel invisible, me pintas la cara para quitarme el blanco de la muerte que me acompaña cuando soy ignorante. Sol que estás. Sol que vienes. Sol que quemas. Sol que regeneras. Sol que das vida. Sol, gracias por estar en mi interior.

Zaït, 5 de enero de 2015