Como cuentan los ancianos del lugar
esa noche se esperaba lo peor.
Era invierno con su frío y humedad,
en un bosque que no tenía color.
Caminaba una niña por allí
con su melena negra como el carbón.
Los aullidos de los lobos sin parar
encogían tristemente el corazón.
Recordaba el cuento de caperucita
mientras temblaba como si fuera un flan,
y las piernas le fallaban y caía,
casi era imposible poder caminar.
La muchacha se llamaba Rosalía
e iba buscando un pozo muy especial,
al que le pudiera pedir el deseo
de que su maldición pudiera acabar.
La maldición que años ha, una bruja astuta
introdujo en su corazón inocente.
“No podrás”, decía el hechizo maldito,
“mirar jamás a los ojos de la gente”.
Para no convertirlos en fría piedra,
buscó ese pozo para su libertad
y buscando, por aquel oscuro bosque
finalmente lo conseguía encontrar.
Se asomó para desearlo con fuerza.
Sonrió y, mientras sonaba su dulce voz,
abrió los ojos y encontró su reflejo,
siendo víctima de su condena atroz.
Cayó, convertida en roca, hasta el fondo
en donde se escribió su trágico fin.
Desde entonces en aquel oscuro bosque
quien en él se adentra, no puede salir.

Zaït Moreno, 19 de octubre de 2012